domingo, 15 de febrero de 2009

Letra y Música

Sonaba una canción en la radio del coche o quizá era una cassette -sí, seguro que era una “cinta-cassette"- y la pequeña Mar, al reconocerla, la tarareaba alegre. Bueno, a decir verdad, sólo pronunciaba las dos o tres últimas palabras del estribillo y, además, con una cadencia más lenta, en fuga, de manera que su voz se oía un instante después de que el intérprete había terminado su frase y tomaba aliento para la siguiente (Bailando, me paso el día bailando… e inmediatamente después se escuchaba el “bailando” bis en la dulce e infantil voz de Mar).

El padre de Mar, cuando era pequeño, quizá no fuera del todo malo para el ritmo, pero era "negado" para las letras. Cuando su madre –la abuelita de Mar- le llevaba a la sabatina de Carrión, él se preguntaba por el significado de “No jado” –del verbo jadar, pensaba- mientras la feligresía cantaba al Señor que no estuviera eternamente “enojado”. Quizá fuera porque se mareaba al olor de las velas en las iglesias, pero no entendía lo de "los brotes de olivo en torno a una mesa” ni lo del “siervo que a la fuente de agua fresca va beber. Y los domingos por la tarde, cuando su padre –el abuelito de Mar- ponía los discos de Gardel en el pickup azul (con la lucecita roja que tardaba un ratito en encenderse del todo desde que se enchufaba) creía que, en “Volver”, Carlitos declaraba su amor a la vieja calle “donde me cobijo” (“donde el eco dijo”) y que, en Yira, yira, buscaba un pecho fraterno en el que morir abrasao (“abrazado”). Y también pensaba que Clavelitos era el nombre de una mujer (no en vano su primer amor fue Merceditas, Merceditas de su corazón) a la que la tuna le llevaba pajaritos “colorados” (colorines llaman en Cantabria a una especie de jilgueros). Y cuando Rafa trajo los discos Parlophone de 45 rpm de los Beatles, pensaba que “Amalusa” (“I’m a looser”) era una bella chica a la que cantaban los de Liverpool, – No era extraño si tenía una prima que llamaban “Nenusa”! -. Y aún no sabe lo que dice la Carrá cuando le explota-lexpló-lexplotaexplota su corazón: Libe, libe, libe… qué?

(Y tú? seguro que conservas en la memoria sabrosos “tenientes”.)

El primer LP que compré en mi vida fue “Bridge over troubled waters” y en la contraportada de la funda del disco se podían leer las letras de sus canciones: “Frank Lloyd Wright”, “The only living boy in New York,… Curiosamente en la versión española, sobre la frase “making love in the afternoon” de “Cecilia”, la censura había sobreimpreso la palabra “turbulentas” del título para que no se pudiera leer tal “cochinada. Así que aprendí a cantar las letras con la música de S&G: I’d rather be a sparrow than a snail…Bye, bye love…I am just a poor boy, though my story’s seldom told… Y también a acompañar a The Beatles con las letras de “St. Peppers Lonely Heart’s Club Band” y a The Moody Blues con las de “Question of Balance” y a Don McLean en "Vincent" y en “American Pie” y... ¡que maravillosa sensación disfrutar de letra y música! La combinación perfecta!

Pero, pasado un tiempo, volví a perderme otra vez en el laberinto de las letras de las canciones. Escuchaba a Jacques Brel la primera frase de “Ne me quitte pas” y me dejaba en tal estado de "enmimismamiento" que lo demás era pura –y emocionante- melodía. Igual que cuando visualizaba el lagarto que se moría al sol en el pueblo blanco de Serrat o escuchaba a Iva Zanicci lo de “signor capitano si fermi qui”… o me enamoraba de Yolanda con Pablo Milanés: ya no conseguía enterarme de más. Me quedaba enganchado en la música .

Al Norte, bajo las brumas del Main en Frankfurt, una voz flamenca suena en la noche y caen barreras y fronteras cuando las almas vibran en la misma frecuencia de onda del lenguaje universal de la música.
En el Sur, disfruto de los versos que me recita al oído -ella se sabe todas las letras- y que el encantamiento de las melodías me ha impedido conocer.
La letra es poesía: la “verdad velada” de Rimbaud; la música es lenguaje común para expresar sentimientos. Letra y música. Palabra y ritmo. Norte y Sur. Guerra y paz. Lennon & McCartney….

Pero cuando la vida aprieta, cuando cae la inesperada “nevada”, cuando “ya nada se espera personalmente exaltante” [Celaya]... habrá que cantar. Cantar alto sin que sea importante conocer bien letra y música. Si cantamos con ganas, coros y orquestas filarmónicas sonarán en nuestra cabeza con la 9ª de Beethoven: “Seid umschlungen, Millionen!, Diesen Kuss der ganzen Welt!",…
o seremos Birkin/Gainsbourg susurrando: “Je t’aime, je t’aime, oh oui je táime - Moi non plus. -Tu est la vague, moi l’île nue. Tu vas, tu vas et tu viens entre mes reins et je te rejoins” …o quizá Alfredo y Violeta brindando: “Godiam la tazza e il cantico, la notte abella e il riso, in questo paradiso, ne scopra il nuovo dí” …o saldremos a la calle a celebrar una espléndida y primaveral revolución entonando: “Grândola, vila morena, terra da fraternidade, o povo é quem mais ordena, dentro de ti, ó cidade. Em cada esquina um amigo, en cada rosto igualdade, Grândola, vila morena, terra da fraternidade".

En fin, después de que la gran filósofa del siglo XX (Marisol) sentenciara con acierto que "la vida es una tómbola, ton-ton-tómbola", el no menos grande pensador-cantante-animador de la rumba catalana (Peret) nos señaló el camino a seguir:

Si queréis tener, cantar
Alegría de vivir
Para disfrutar, cantar
Canta y sé feliz

domingo, 18 de enero de 2009

LA [Nieve?] QUE NOS HA CAIDO ENCIMA.

Sol en sombra

Madrid, 9 de enero. Me despierto. Miro por la ventana (desde niño tengo esa costumbre norteña de mirar al cielo por la mañana para saber si va a llover). El día está gris y unos minúsculos copos rasgan el aire. En el camino hacia mi trabajo da la impresión de que la cosa se va poniendo más “seria” y va a cuajar. Pero realmente no es sino al cabo de unas horas- en las que he estado abstraído/abducido con otros asuntos- cuando me doy cuenta de que una gran nevada ha caído sobre Madrid. No podré ir en moto a la cita que tenía a las 13.00 hrs., así que salgo andando a la calle, sobre la que sigue nevando lenta y copiosamente. El paisaje urbano está cubierto con un gran guardapolvos blanco y el mundo, de pronto, se ha vuelto más silencioso. Miro hacia arriba buscando el sol y, en su lugar, apenas se adivina un círculo de luz sobre el cielo de color panza de burra. Voy caminando, con cuidado para no resbalar, hacia la estación de metro más próxima. ¡Cuanto tiempo hace que no cogía el metro!, acostumbrado a desplazarme siempre por la superficie de la ciudad (soy bastante claustrofóbico), con la libertad que da moverse en moto, que parece que vuelas sobre Madrid, a tu aire... Hoy las circunstancias obligan a sumergirme bajo la corteza urbana y navegar por el subsuelo. En los pasillos subterráneos hay una actividad frenética de seres anónimos que caminan sabiendo muy bien hacia dónde van (escaleras abajo, después a la derecha, giro de nuevo….). Mientras, yo trato de orientarme, torpe, mirando los planos del suburbano. Finalmente localizo mi andén y al poco tiempo estoy en el vagón que me va a llevar a 21 estaciones de distancia por una larga galería de topo que atraviesa Madrid de sur a norte. Estúpidamente sorprendido ante lo que es la rutina diaria para miles de personas, observo el paisaje y el paisanaje: currantes, estudiantes, vendedores, parejitas, latinos, rumanos, esforzados lectores, un gitano malencarao... millares de rostros, millares de historias personales, millares de vidas que aletean [Miguel Hernández]. Cada cual tiene su estación de destino que, sucesivamente, les va aspirando y engullendo al abrirse las puertas del vagón, como en un reparto organizado. Gentes que jamás volveré a ver y si las volviera a ver sin duda no las reconocería. Cuando llega mi turno, yo también asumo el rol de ser repartido y subo de nuevo a la calle nevada en la que es difícil caminar sin caerse y arribo a tiempo a mi cita. Salgo al cabo de una hora con un triunfo “menor” para llevar a la oficina. Al poco rato estoy, de nuevo, montado en el underground. Relajado después de lograr mi objetivo del día, ahora soy uno más de los que se amodorran en los asientos y me entretengo imaginand0, soñando que voy a vivir a un lugar al sur, tranquilo, cerca del mar, cálido, sin transporte público… (y sin tener que pagar hipoteca, que llevo 34 años pagando hipotecas!). Es entonces cuando caigo en la cuenta y decido escribir sobre el día de hoy, curiosa alegoría en la que descubro, casi divertido, mis propios temores y reflexiones ante recientes acontecimientos, ante lo inesperado: arriba y abajo, frío y calor, … Y sin mencionar la dichosa palabrita tan de moda. A buen entendedor…

Luz de Luna

El día ya se despidió cuando salgo a pasear con Uko. Hace un frío soportable y sigue nevando. La noche avanza a cámara lenta, ralentizada, ensimismada. En el cielo –oscuro- se distingue –claro- el círculo casi completo de una luna casi llena. Alrededor de las farolas de la calle hay otros círculos luminosos , más bien esferas, en las que miles, millones de copos de luz se balancean, se contonean, bailan suspendidos en el aire nocturno sin querer llegar al suelo en el que perderán para siempre su individualidad.

Me vienen a la memoria recuerdos -lejanos ya- de una noche en el sur de Francia, cuando creí que el tiempo [Bergson] podía ralentizarse al ritmo de la nieve al caer y parar a pensar, tomar distancia, distinguir entre lo urgente y lo importante, vislumbrar las posibilidades de cambiar las aceleradas rutinas cotidianas.

En un paisaje cubierto por la nieve recién caída [Tintín en el Tíbet] Uko hunde su hocico buscando rastros familiares. A medida que camina, sus pasos quedan impresos en la gran página en blanco del suelo, y yo juego a imaginar pisadas apresuradas haciendo espirales… patinazos… la silueta de un cuerpo tendido… o de dos cuerpos con una sola huella. Oigo cantar suave a Don Mc Lean en su homenaje a Van Gogh: “the silver thorn of bloody rose lie crushed and broken on the virgin snow”. Uko no se ha podido resistir y se revuelca gozoso en la nieve. Es entonces Don Antonio el que susurra al oído: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar: golpe a golpe, verso a verso”... golpe a golpe.... ¿beso a beso?

viernes, 5 de diciembre de 2008

A DAY IN THE LIFE (relato inacabado)

Nada, no hubo manera. Uno que si hacía frío, otro que si la crisis, otro que si la parienta… Después de escuchar la enésima excusa, "P" se decidió: cogió la moto y se fue él sólo a dar un rulo el sábado por la mañana. Lo cierto es que últimamente cada vez se hacía más difícil que se juntaran para salir improvisadamente, sin una previa planificacón. Todo lo contrario pasaba con el calendario de las concentraciones moteras: a esas no faltaban nunca y, además, con toda la parafernalia de cueros, gadgets,..! Desde que los conocía, sus colegas habían ido cambiando de disponibilidad y de motos. P era el único que quedaba con su vieja BMW de trail que pronto cumpliría 15 años.
Esa mañana a su fiel compañera le costó arrancar. No era extraño después de varios días de temperaturas bajo cero, pero al cuarto intento se puso en marcha. (En los momentos de la verdad nunca fallaba). Sus dos “perolos” se pusieron en funcionamiento con ese rumor desacompasado que se va haciendo más y más armónico a medida que van entrando en calor. Sin saber por qué o quizá guiado por un antiguo recuerdo dirigió su manillar y su mente hacia la carretera que mira hacia Lisboa. Se sentía intranquilo. Comenzar la ruta siempre le ponía tenso. Parecía como si, una vez montado en la moto, todas las partes del cuerpo se rebelaran quejándose de la postura, de la vibración, del frío. Abandonar Madrid tampoco ayudaba a relajarse, con ese tráfico torpe que se forma en las carreteras de salida de una ciudad grande. Sin embargo, al cabo de unos 20 kilómetros todo cambió y el asfalto invitaba a recorrerlo hacia un incierto pero atractivo horizonte. Y así fue como llegó el momento mágico en que se armonizan cuerpo, mente y máquina y P, sin habérselo propuesto, se encontró tarareando “On the road again” bajo el casco, disfrutando ya de la carretera como un loco, embebido del ruido que producía su boxer y con la mirada abierta hacia lo que el camino le deparase.

Había conducido algo más de una hora cuando el viento dio una seria advertencia en forma de dos fuertes ráfagas que le forzaron a reducir la velocidad. En un minuto el cielo se había cubierto de nubes y una extraña oscuridad, como la de un eclipse, se había apoderado del día. De pronto comenzó a llover y, enseguida, las gotas se convirtieron en duros granizos que sonaban como perdigones al golpear el casco y le machacaban por todas partes. El firme comenzó a cubrirse de pepitas heladas y apenas podía avanzar cuando, como un maravilloso espejismo, apareció ante sí un paso elevado y P pudo guarecerse bajo el puente que cruzaba por encima de la autopista.

No había hecho más que poner la pata de cabra cuando otro estruendo - éste más conocido y friendly- le advirtió de que no iba a estar sólo en el improvisado asubio. Una, dos, tres…. hasta 5 motos pararon a su lado. El primero en dirigirse a él, después de “invocar” a una docena de santos y vírgenes del cielo fue el que parecía el boss:
- “Podías haber aparcado tu hierro un poco mejor y dejar más sitio, ostias, o es que te crees que estás sólo en la carretera, cagüendios?
Al darse la vuelta el tipo pudo leer, bordado en rojo -aunque discreto-, el nombre de “Jero” sobre el hombro derecho de su chupa… cara. En cuanto al resto, dos le ignoraron, otro le saludó con un gesto de colegueo y una figura vestida con ropa oscura se le acercó, se quitó el guante y le ofreció su mano. Tras el visor pudo ver unos hermosos ojos azules que, al liberarse del casco, se rodearon de una sonriente cara femenina que al tiempo le decía:
- “Me llaman “Moth”, colegui, vaya chaparrón eh?.
- “Yo soy P, encantado” dijo mientras estrechaba su mano. En realidad mi nombre es Piotr Szut; soy estonio. Nací en Tallin aunque he vivido casi toda mi vida en Bilbao”.
(“Piotrequéostias? –se oyó decir a Jero- ¡antes muerta que sensilla! ¡manda huevos!).
Otro rostro sonriente se acercó a saludarlo mientras ponía en la correcta posición horizontal sobre su nariz sus gafas “de ver”:
- “P, esa reliquia tuya debería llevar la VH en la matrícula, no?. Ja, ja, soy Giorgio, vaya granizada, tío, bienvenido al infierno!, ja, ja, .... Dándose la vuelta hacia su moto y balanceando su cabeza siguió hablando como para sí en voz más baja-"..¡y ha sido de repente... nunca ví una cosa parecida!".
Del mismo modo que apareció la nube de la tormenta se fue y un sol radiante iluminó la carretera, despejada hacia el occidente. Volvieron a sonar las motos y a formarse los centauros. “Si quieres venir puedes ir en la cola, hacer bulto y pagar a escote” escuchó decir a Jero. Y así fue como el solitario jinete pasó a formar parte de aquella cuadrilla sobre ruedas que partió sin que P supiera hacia dónde. Al cabo de unos kilómetros, la primera moto tomó una carretera secundaria y todos la siguieron. Pronto cambió el paisaje que empezó a teñirse de verde a medida que la carretera serpenteaba y se metía por zonas arboladas. Respetando cada uno su puesto, la comitiva parecía un reptil multicolor deslizándose suave y rítmicamente por el paisaje. Sin duda, en esos momentos todos estaban disfrutando a tope.

Al llegar a un cruce el que llevaba la chupa y el casco rojos –luego sabría que su nombre era Txetxu- adelantó al grupo, se puso en cabeza y después tomó un camino de tierra que se adentraba en un robledal. Los demás le siguieron. Fue entonces cuando P se fijó que todos llevaban gomas mixtas, salvo “Peewee” que conducía una King Scorpion 350 de hace más de 25 años y con neumático de carretera; aunque no parecía importarle pues, con algún que otro “resbalón”, mantuvo su plaza en la procesión motera. Tras subir una pequeña cuesta, doblaron a la derecha y allí, a la sombra de una encina centenaria estaba esperándoles Tato, con una amplia y franca sonrisa, al lado de su Norton. Aparcaron. Saludos, abrazos,.. “Este tipo lo hemos recogido de debajo de un puente”.. ja, ja…, dijo Giorgio. Bueno, ¿cómo está el panorama? ¿habrá cosecha? ¿ha llovido suficiente? ¿has visto algo?. Los moteros fueron abriendo las maletas y alforjas de sus motos y, para sorpresa de P, sacaron de ellas cestas y navajas. Éste pronto comprendió que se trataba de una cita micológica. Peewee fue el primero en gritar señalando al suelo: "¡un boleto negro!" y cortó la primera seta. El hallazgo animó al grupo que pronto se dispersó por la zona. Tato se quedó atrás con P a quien explicó que él era de Donosti pero que todos los años se organizaba la movida allí en La Vera en donde él había vivido años atrás. Le dio una navaja al recién llegado y se dispusieron, como el resto, a peinar el monte. “Mira, mira, mira… ves esa especie de huevo frito que sobresale del suelo? Es una Amanita Cesárea, P, ¡la seta de los césares!.. ¡Qué suerte tienes, cochino! ¡Pilla! Mira… allí hay otra”. Durante casi 2 horas los siete se dedicaron a la recolección de setas: boletos, amanitas y alguna macrolepiota. (Bueno, Peewee también cogió unos hongos blanquecinos que decía conocer). Serían las 2 de la tarde cuando Jero soltó un juramento de 60 decibelios y congregó a todos de vuelta bajo la encina. La cosecha era abundante y eso se reflejaba en los rostros. “Vámonos”. Cada uno guardó su cesta y, de nuevo se pusieron en camino, en esta ocasión liderados por Peewee. Al cabo de un par de kilómetros Txetxu adelantó sorprendentemente a todos pero sólo para atravesarse delante del grupo y cerrarle el paso. Bajo su Shoei rojo asomaba una cara aún más roja que gritaba a Peewee, echándole la bronca: se había confundido de camino. Media vuelta y, esta vez con la Scrambler de Txetxu al frente, apenas tardaron media hora en llegar a una casa-cabaña en la que una columna de humo saliendo de la chimenea ondeaba como una hermosa bandera blanca de bienvenida. En la puerta, una mujer con el pelo moreno entrecanoso hasta los hombros y una cara en la que brillaban sus ojos verdes y resplandecía una hermosa y divertida sonrisa: Mariza . A su lado, Gabi y Deivi que habían llegado directos desde Madrid. Gabi con su nueva tronca. Deivi conduciendo su Zundapp con sidecar. Protocolo de aparcamiento, apagar motores, quitar cascos, saludos, abrazos, besos, … (Nadie pareció notar que los rostros de Mariza y P se habían paralizado un instante cuando sus miradas se han cruzado). Al cabo de un rato, todos estaban saboreando un buen Ribera del Duero sentados alrededor de la mesa larga de madera, salvo Txetxu y Mariza que se afanaban bajo la chimenea en donde un fuego de sarmientos doraba setas y chuletillas; y Peewee que se ocupaba de la ensalada con las amanitas cesáreas.

Han comido, han bebido, han reído y han mantenido, más o menos, una conversación común hablando de lo divino y de lo humano. P ha notado un par de veces sobre sus ojos la mirada de Mariza. Ahora ésta se acerca y se sienta a su lado. Con el cafelito comienzan las conversaciones en petit comité. Unos hablan de motos, otros de setas y otros también de motos.
- “Esto sí que es una casualidad entre un millón… y una sorpresa de la que aún no me he recuperado -dice P a Mariza en voz baja- Pensé que nunca te volvería a ver. Cómo te va? Qué fue de Luis?
- “Sí que es una casualidad…Aún no entiendo cómo has podido aparecer por aquí, pero ahora ya da igual…Bueno, todo fue bien hasta la enfermedad de Luis. Su inesperada y reciente muerte… –se le empañan los ojos de lágrimas, duda Mariza un instante y prosigue- Pensé en llamarte entonces pero habían pasado 10 años y no había vuelto a saber de ti. Decidí retirarme del mundanal ruido. Me fui de Bilbao y me vine a este rincón a plantearme de nuevo mi vida… y, mientras decido qué coño hacer, me dedico a embadurnar lienzos…Sé que ha pasado mucho tiempo, pero quiero que sepas que sentí… bueno, nada… realmente ha pasado mucho tiempo. Si quieres (su cara cambió y tomó un aspecto más decidido, más duro) te enseño en qué lo he malgastado los últimos 3 meses”.
Él asiente con la cabeza y, sin más palabras, ambos se acercan hasta la galería que da al patio. Allí, contra la pared, se agolpan decenas de lienzos de un tamaño medio considerable. Figuras humanas silueteadas, paisajes urbanos, interiores de fábricas, vistas de tejados desde la ventana, …todo en bellos y anchos trazos negros, grises, blancos manchados,… y un denominador común: en cada cuadro una pequeña zona sin pintar, como arrancada, como si fuera un jirón, siempre con bordes ocres. Un roto que da a la obra el aspecto de inacabada, un agujero negro por el que la vista se puede perder sin saber hacia donde, una llaga por la que pudiera comenzar el incendio.. o la podredumbre.

En el salón grande, el rumor de la sobremesa se ha roto con el sonido de dos guitarras. Deivi ha salido de la casa y ha regresado con los “2 encargos” que ha traído desde Madrid en el sidecar. Giorgio y Txetxu se están mirando a los ojos mientras rasguean las guitarras cuando se oye la voz de Moth cantar: “A long, long time ago. I can still remember how that music used to make me smile, ..” Mariza corre hasta el piano de pared y se incorpora al grupo. Al poco rato todos cantan “So bye, bye, Miss American Pie, drove my chevy…. singing this will be the day that I die”... Jero le da a la armónica y P advierte en él un guiño amigo que le tiene como destinatario. Le sigue “Hotel California”, “Longer Boats”, una version unplugged de “Wish you were here” que todos tararean: "We’re just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year"… El Cardhu está ayudando, sin duda, a poner en armonía las voces, los instrumentos y las almas.. “Moon over Bourbon Street”, “Take a walk on the wild side”, …
De pronto Peewee interrumpe y se marca un solo inesperado de ritmo frenético:… “Why don’t we do-do it in the road… Why don’t we do it in the road.. No one will be watching us.. Why don’t we do it in the ro-ow-ow-ad”. El extraño brillo en los ojos de Peewee es el primer signo visible de los efectos que los hongos alucinógenos que mezcló en la ensalada están a punto de producir. (continuará)

domingo, 23 de noviembre de 2008

TURNO DE OFICIO (1)

No, el sábado no puedo quedar -le digo a mis amigos-, tengo guardia. Comienza a las 10 de la noche del jueves y termina –teóricamente- a las 10 de la noche del viernes. Digo teóricamente porque en la práctica termina al día siguiente, sábado, sin que se pueda precisar la hora.

Tardé más de la cuenta, pero en el “triunfal” año de 1992 me decidí a terminar un ciclo de mi vida que implicaba -entre otras cosas-, el final de una antigua e íntima amistad y mi reciclaje en el terreno laboral. Al tiempo que comenzaba mi nueva andadura profesional me presenté al examen de la única asignatura de la carrera de Derecho que tenía pendiente ¡desde hacía 13 años!, conseguí mi título y me inscribí en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. En 1997, después de hacer el preceptivo curso de adiestramiento, me apunté al Turno de Oficio, institución cuyo principal objetivo es ofrecer asistencia letrada a quienes no tienen recursos suficientes para costearse un “abogado de pago”. Realmente, desde 1993 me gano (y pierdo) la vida en una empresa de “organización de eventos”, como se dice ahora, pero el Turno de Oficio es para mí un balcón –y una escuela- desde el que observo rincones de la vida que son difíciles de contemplar desde fuera de esa atalaya. Así que comencé a visitar comisarías, calabozos y presidios, me habitué a ponerme la toga y a disimular los nervios delante de un tribunal, a negociar con los fiscales y a comprender que los clientes no siempre dicen la verdad aunque no mientan…y en eso sigo.

7.00 am. Suena el teléfono: “Buenos días, Don Gonzalo, le llamo de la guardia. Asistencia en el depósito de la Policía Municipal de la calle del Plomo. Javier G.R. Delito contra la seguridad del tráfico. Hay que estar allí a las 8”. Mi primera asistencia y mi primer descoloque. Cuando llego, el policía de guardia me cuenta que han detenido al antedicho, borracho como una cuba, dando botes encima del techo de su coche, a las 4 de la mañana, después de chocar contra otro vehículo; además, el pájaro se ha negado a hacer la prueba de la alcoholemia. Sacan al muchacho del calabozo. Es un chaval con "buena pinta", que podría pasar por universitario e incluso pijillo, aunque algo desaliñado y con la ropa sucia. Se acoge a su derecho a no declarar ante la policía y hacerlo ante un juez. A continuación pide tener una entrevista reservada con el abogado, otro derecho que le asiste. Habla serio y tranquillo. Me cuenta que es un tipo normal, con su novia y su trabajo normales pero que recientemente ha recaído en la droga. Por eso había ido esa noche a pillar a Las Barranquillas y se había “puesto” un poco. Que le han seguido unos mafiosos porque le querían robar el “caballo” y la pasta y que ha sido él quien ha llamado a gritos a la policía para que lo auxiliaran. Sin embargo, la poli ha llegado, le han dado dos ostias y lo han metido en el trullo… ¿Qué pasó realmente esa noche? Yo nunca lo supe. Al día siguiente un abogado particular me pidió la venia para su defensa.

Desde estos más de 10 años he conocido a una fauna muy variopinta. Chorizos, violentos, colgaos,…y hasta gente normal que tuvo un mal día! Me he ido acostumbrando a hacer mi trabajo de la forma más técnica posible. Y esto viene al caso porque a veces me preguntan: ¿tu defenderías a un violador? o ¿cómo puedes asistir a un maltratador? Parece que en algunos delitos repugnara el ejercicio de la profesión. Sin embargo yo no pienso así. En primer lugar, en un Estado de Derecho nadie es culpable hasta que no se demuestra lo contrario. No se puede "etiquetar" -y menos condenar- a nadie previamente, sino después de un proceso justo. Y para juzgar y condenar están los jueces, no los ciudadanos ni los abogados. En segundo lugar porque creo que el derecho constitucional de Defensa ha de amparar también a los que no tienen recursos. Lo que no sería equitativo es que los ricos tengan posibilidad de defenderse y los pobres no, porque los abogados del T.O. puedan rechazar los asuntos que no les gusten. Es un turno obligatorio para el que lo elige -no una oferta en la que puedas seleccionar los asuntos- salvo casos extraordinarios. En tercer lugar porque nuestro cometido es, como he dicho, fundamentalmente técnico: ante unas situaciones que encajan en supuestos más o menos previstos, aplicamos unos protocolos más o menos previstos también. En suma, que nuestra obligación es hacer nuestro trabajo de la manera más profesional posible. Que así lo hagan también el fiscal y el juez. [Pienso en el cirujano que tiene que operar a un presunto terrorista. Su labor es salvarle la vida; Dejemos que sea la Justicia quien lo juzgue]. En alguna ocasión quizá porque las otras partes del proceso no han hecho bien su trabajo, ha salido absuelto alguien que, en mi fuero interno, yo mismo creía culpable del delito. ¿Ha sido, acaso, responsabilidad del abogado...?. Me viene ahora a la memoria el caso de Julián, un joven que estaba cumpliendo condena y se libró de una nueva, lo que significaba que pronto saldría de prisión. Cuando fui a visitarlo al presidio mi conciencia -error de contención profesional- no se pudo aguantar y le dije algo así: Has tenido mala suerte en tu infancia [pobreza, analfabetismo de los padres, ambiente de violencia, falta de educación,..] pero hoy te ha visitado la buena estrella. Aprovecha esta oportunidad, quizá no tengas otra!!

Como es fácil imaginar, todos estos años han sido generosos en anécdotas y situaciones dignas de comentario. Por eso el título del post tiene detrás el número 1. Probablemente vendrá algún otro número, una nueva entrega. Ahora guardo la Ley de Enjuiciamento Criminal en mi cartera y espero que suene el teléfono y una voz me diga: “Buenas noches, don Gonzalo, le llamo de la guardia….”

domingo, 2 de noviembre de 2008

AUSENCIA

Deslizo la llave en la cerradura y al tiempo siento en los dedos el ligero temblor que sus dientes producen al introducirse en la ranura. Un giro hacia la derecha y el pasador bascula hacia ese lado: se iza la compuerta de mi castillo urbano. Después de un ligero empujón solo hay que recorrer un pequeño tramo –ocupado ya por la oscuridad de la noche- hasta la puerta de casa. Pero algo falta en este guión de rutina diaria que en un par de segundos un plato vacío en el suelo me recuerda con toda crudeza: no hay ladridos ni saltos de bienvenida; sólo silencio: sensación de ausencia.

Uko!, Uko!, ¡plas plas plas!. [Cuando íbamos a por setas y le perdía de vista, le llamaba y daba palmadas. Al poco tiempo –a veces algo más de lo que me hubiera gustado- aparecía moviendo el pompón (le cortaron el rabo al nacer), nos mirábamos, cómplices, y yo seguía a la búsqueda del boleto de mi vida y él a la de rastros y olores invisibles para mí] Aquella mañana no se me había dado mal la cosecha micológica pero el perro no acudía a mi llamada. Salí del bosque y fui hacia donde tenía el coche aparcado. Tampoco estaba allí. Me dirigí a los lugares hacia los que me imaginé que habría podido ir, pero nada. En el bar junto a la carretera me dijeron que un tipo se había asomado a la puerta de entrada para preguntar si el perro blanco que seguía insistentemente a su perro negro era de la casa. Le respondieron que no, se fue, y esa fue la última información que tuve de Uko.

Sensación de ausencia. Entrar en una escuela sin niños. Abrir el buzón en el que un día más no está la carta esperada. Gritar con todas las fuerzas y no escuchar la respuesta del eco. Sentimiento de ausencia. Un agujero negro y frío que la memoria se ocupa ahora de alimentar con recuerdos. Cuánto lo echo de menos! Y pienso que me tendré que acostumbrar, como nos acostumbramos a todo –qué remedio-; y después, día a día, el olvido va cubriendo con su niebla a aquellos que, de una u otra manera, se ausentan de nuestra vida … del mismo modo que otros, también, se habrán ido olvidando de mí desde que salí de su vida.

Dónde se habrá metido el coño perro? Hacia dónde se habrá ido: hacia arriba o hacia abajo? hacia un lado o hacia el contrario? Se habrá despistado persiguiendo un rastro de olor? –Paquito dice que los perros no se pierden en el monte, que los que nos perdemos somos nosotros-. Regreso al punto de partida y vuelvo a hacer el mismo recorrido que había hecho con él. Uko! Uko! ¡plas, plas, plas!. Nada. Me cruzo con gente que bajan ya de su excursión por el monte; les pregunto y nada. Doy vueltas y vueltas. Pregunto y pregunto. Pido ayuda. Por la tarde ya somos cinco buscando. Nada. Cuando me quiero dar cuenta ha caído la noche, y también el desánimo. En la carretera, de regreso, conduzco con cuidado y miro con miedo hacia las cunetas.

Dónde estará? Estará realmente perdido o quizá –sonrío al pensar- es que ha encontrado a la perrita de sus sueños?... Lo habrá robado un desaprensivo? Habrá caído en una zanja y no puede salir? Intentará encontrar el camino hacia casa? Ha caído la noche y con ella el frío se instala en la sierra. Todos los días los del bar cierran y bajan a dormir a su casa en el pueblo. Por allí no queda nadie. Se habrá refugiado en algún sitio, una cueva… o algo así? Es un perro urbano, no sabe buscarse la vida. Resistirá el frío? Se lo comerán los lobos? Lo atropellará un camión?... Es que no se me ocurre ni una buena!

Al día siguiente he vuelto a la sierra. Durante toda la mañana Tino, Susana y su perro han estado buscando sin éxito. Pongo unos carteles con su foto por la zona. También subo al día siguiente y pongo más carteles en los sitios en los que suelen aparcar sus coches los seteros, los montañeros,….Cada día que pasa sin que haya noticias de Uko, la esperanza decae, aunque me niego a darme por vencido y a acostumbrarme al frío que produce su silencio, su ausencia. Haciendo un esfuerzo he retirado del suelo de casa su plato vacío: no es cuestión de tropezar con él…, bueno, tampoco es cuestión de que, además del silencio, me machaque su visión cada vez que llego a casa.

Ha habido una llamada al teléfono de los carteles: falsa alarma.

Todos los días la gente cercana me pregunta si hay noticias. Al responder negativamente, la gran mayoría me trasmite su sentimiento de solidaridad y pena, siempre asemejando la pérdida del perro con la de alguien querido de la familia. Lalo apenas me habla. Es el que más jugaba con Uko y creo que, en parte, me hace culpable de su pérdida por llevarlo sin correa. Yo no entiendo su resignación. Mantengo la esperanza de que si aún no han habido “malas noticias”….


A los 10 días han llamado por teléfono. UKO HA APARECIDO. Estaba sentado en la carretera que va de La Granja a Torrecaballeros en Segovia y un coche lo ha recogido después de que estuviera a punto de atropellarlo. Han leído el chip y han llamado. Voy a buscarlo. Está sucio, delgado, como desorientado, con un gran mordisco en el cuello….pero ¡¡¡¡¡VIVO!!!!!!!
UKO, GRACIAS POR VOLVER [Mónica dixit]. Tenemos mucho de qué hablar, compañero del alma [Miguel H dixit]. Por la noche saldremos de paseo, como tantas noches… sin correa!